Mercaderes, buitres, agentes...

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El fútbol es una locura. ¿Ustedes ven normal que al Cádiz le ofrezcan a un joven y superprometedor delantero brasileño de 20 años de edad llamado Rafael Sobis? Hombre, sí. Lo malo viene ahora. El clásico y avispado intermediario, del intermediario, del intermediario, del asesor, del ayudante del representante de la supuesta 'joyita' suelta la típica frase lapidaria: "Muy bien señores Muñoz y Benito. Tiene que soltar diez millones de euros". ¡Cuan curioso! Al Betis 'sólo' le pidieron ocho. Un puro cachondeo. El año pasado, al Sevilla le solicitaron tres millones de euros por un argentino de 16 años llamado Sergio Agüero. Hace poco, al Real Madrid le han pedido 20 millones y al Chelsea, 30. Una barbaridad. Así está el fútbol. Como diría Vicini: ¡Inconcebible!
Alberto Benito, en su rol de director deportivo cadista, no tiene más remedio que auspiciar dos nuevas estrategias si quiere no verse desbordado por la dictadura del mercado. Una, apostar por la cantera; la segunda, buscar perlas por el extranjero lo suficientemente desconocidas como para que otros clubes no se metan por medio (ejemplo, Acuña) y que, una vez descubiertas, atarlas con celeridad antes de que otro 'superagente' de estos trincones e irrespetuosos con los acuerdos, se metan por medio y revienten la mencionada apuesta de futuro haciendo ver a otro club (Bayern) la conveniencia de llevar a Bavaria a un prometedor y 'asequible' paraguayo (Dos Santos). Ante tanto buitrerio, el Cádiz sólo puede hacer lo que mejor sabe: ser coherente. ¡País!



