Yo digo Guillem Balagué

Nada igual desde el funeral de Diana

Guillem Balagué
Redacción de AS
Actualizado a

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No se había visto cosa igual desde el funeral de la princesa Diana. Nunca se había visto cosa igual tampoco en Irlanda del Norte. La despedida a George Best reunió a decenas de miles de personas en Stormont que nacieron y crecieron divididas en lo político, pero unidas en la apreciación del talento inmenso de Best. Y en la lectura casi diaria de sus aventuras domésticas. Se ha ido un icono futbolístico pero también mediático. El primero cuyos detalles privados fueron cocidos por unos y comidos por otros en una dieta insaciable que no entendió de límites: se le vio con los ojos morados después de una pelea, en el suelo borracho, bebiendo tras su trasplante de hígado. Para los que se pelearon en el patio del colegio por ser Best (nadie quería ser Denis Law o Jimmy Johnstone, por muy buenos que estos fueran), gente de cuarenta y pico de años, el norirlandés era el futbolista de ensueño, la superestrella, el único capaz de sacar un conejo de la chistera en un momento en el que la televisión empezaba a decorar los hogares británicos.

Había en las calles de Belfast muchos de esos compañeros y admiradores (Ferguson, Bobby Charlton, Pat Jennings, Paddy Crerand, Harry Gregg...), pero también mucha gente joven que le habrá visto en DVD y en los diarios sensacionalistas. A estos se les fue una leyenda y casi un entretenimiento. Y que muchas de estas vidas tengan que acabar en tragedia...

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