Víctor se merece toda la paciencia

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Alfonso Soláns ha despedido a cuatro entrenadores (Espárrago, Lillo, Chechu Rojo y Paco Flores) en nueve años, pero siempre le ha costado mucho tomar esa decisión. Y Víctor Muñoz, aragonés, zaragocista de pies a cabeza y campeón de la Copa y de la Supercopa, no iba a ser una excepción. Soláns escucha a todos, pero a los que hace caso es a Pardeza y a Herrera, y Estos mantienen todavía su confianza en Víctor y consideran precipitado un relevo en el banquillo. El tiempo dirá si tienen o no razón, pero, de entrada, la paciencia nunca puede ser juzgada como un defecto. Y menos en el fútbol, donde no existen las fórmulas mágicas.
Este no es el Zaragoza de los Magníficos o el de la Recopa, claro que no, pero tampoco un equipo para estar colgando del descenso. Y el propio Víctor es el primero en reconocerlo. Cualquiera de esos mercenarios de los banquillos a los que el Zaragoza les importa un pito, llevaría un mes excusándose en la calidad de sus jugadores y pidiendo a gritos refuerzos, pero a Víctor le gusta su equipo. Y lo defiende en público y también en privado. Y sólo por eso se merece que la paciencia se agote hasta el final.



