Yo digo Manuel Rosety

Grande con un corazón de oro

Manuel Rosety
Redacción de AS
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Fue un goleador de élite, internacional, que en su palmarés guarda los mejores éxitos a los que pueda aspirar cualquier futbolista, pero con los dedos de una mano pueden contarse los que lo consiguen. Tiene motivos para sentirse alguien de relevancia, por su trayectoria deportiva, difícil de igualar, sobre todo cuando se nace en un equipo como el Sporting. Sin embargo, Quini es una persona sencilla amigo de todos, hasta de sus contrarios. No digo enemigos, porque nunca los tuvo. Incluso perdonó a quienes le privaron de su libertad durante 25 días, allá por 1981. El Quini de hoy es el mismo chaval que conocí en un frío día de invierno de 1967, en La Boroñada, cuando jugaba en el Bosco Ensidesa y llevaba el 11. Ya tenía desarrollada al máximo la pituitaria con las redes rivales.

Quini tiene la virtud de ganarse el cariño de la gente, por su corazón de oro. Si hay un acto benéfico, es el primero en colaborar. Nunca un mal gesto. Incluso cuando se le puso entre la espada y la pared para dejar el club mantuvo el tipo, sin fruncir el ceño en ningún momento. Siempre con buen humor y bromista como el que más. Ni los Miera o Novoa más serios escaparon a alguna de sus fechorías. Y no digamos los Cundi, Rezza o Rubén, algunas de la cuales no deben contarse en público, aunque si las cuento, seguro que el 'Brujo' se reirá con todos ustedes, como uno más de la pandilla. Quini es así, grande y sencillo.

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