El Blokhin de estos tiempos
Pasó malos momentos, incluso tuvo un bajón que estuvo a punto de provocar su salida del Milán, pero como los grandes de verdad se repuso y hasta el lunes todavía saborea su condición de actual balón de oro. Reconozco que no confiaba mucho en Shevchenko cuando llegó al Milán. Había deslumbrado en el Dinamo de Kiev pero siempre a la contra, con espacios, en un equipo con un bloque definido muy por encima de sus individualidades. Pero no, Shevchenko llegó al Milán y al primer año ya fue máximo goleador del calcio, algo que no había logrado nadie. No había más que discutir, sólo hasta donde llegaría.
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Para muchos es "el Blokhin de los tiempos modernos", como le definió France Football en la edición especial de su Balón de Oro en 2004. Moderno, desde luego. No es un nueve puro al estilo Inzaghi pero tiene más gol. Se mueve siempre cerca del área, fabrica espacios, juega y hace jugar. Y llega desde atrás, su gran arma. Así marcó alguno de los cuatro goles en Estambul y para él montará Blokhin todo el dispositivo ucraniano en el mundial.
Shevchenko supo sufrir desde crío e incluso fue evacuado cerca del Mar Negro tras la explosión de Chernobyl, y un día conoció a Valery Lobanovsky. Brilló en un torneo infantil en Gales y luego dejó su primer sello en Italia en un torneo en Agropoli, cerca de Nápoles. Entonces se pudo quedar, pero volvió a Kiev para regresar a lo grande. Un día Lobanovsky definió a su Dinamo como "un equipo capaz de jugar al ritmo del Ajax, con la agresividad del futbolista argentino y la técnica del brasileño". Sin saberlo estaba explicando a la perfección las condiciones que tiene Andrei Shevchenko.




