Yo digo Juan Mora

La ATP, un circuito cruel

Juan Mora
Importado de Hercules
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Llega la final del Masters, una final siempre esperada porque se trata de un torneo en el que participan los ocho mejores jugadores del año para proclamar al campeón de campeones. Esa es la teoría, porque la práctica ha resultado este año un fiasco. De los ocho mejores jugadores sólo acudieron cinco, que luego se quedaron en tres al retirarse Nadal y Agassi. De este número de ausencias sin precedentes tiene mucha culpa la propia ATP. Son 67 torneos, más que semanas tiene el año, con la traca final del Masters. Competiciones que van del 3 de enero al 20 de noviembre, con la obligatoriedad de que los mejores participen en los cuatro Grand Slam, los nueve Masters Series, más un mínimo de cinco torneos para mejorar sus puntuaciones.

Pero no sólo es este el problema. Las superficies que proliferan son las duras, un martirio para las articulaciones y los ligamentos. Antes la típica lesión era el codo de tenista; ahora, las distensiones y el agarrotamiento muscular. El juego se ha vuelto más físico. Quien no le pegue duro a la bola que se despida. A cada partido sucede un entrenamiento. Horas y horas pegando raquetazos, machacando los tobillos y los pies. El cansancio aconseja parar. Pero no se puede. Un torneo, otro, viajes de aquí para allá, las ciudades pagan por sus torneos y exigen que acudan los mejores jugadores. Hasta que el cuerpo dice basta. Me parece incluso mucho que tres de los ocho mejores jugadores hayan logrado llegar hasta el final.

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