Alonso es el más grande
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Coger un autobús a mediodía, hacerse 500 kilómetros hasta Madrid y regresar de madrugada para llegar a tiempo al trabajo o a clase es un palizón. Un palizón que sólo puede justificarse si hay un motivo de aúpa. Teniendo en cuenta que se trata de un viaje festivo, el motivo tendría que ser cobrar una herencia, pasar unas horas con la primera novia -por la segunda ya costaría más-, escoger un coche que te regalan, ver ese partido en el que tu equipo se juega el título, asistir a un concierto colosal -en mi época, de los Beatles- y pare usted de contar. Pocas cosas más pueden merecer la pena tal palizón. Pues para la juventud de España entera hay una razón más: ver esta noche a Fernando Alonso en El Larguero.
Son 3.500 jóvenes los que acuden de todas partes -Ceuta incluida-, pero podían haber sido 50.000. Llega a haber entradas para todos y los alonsomaniacos llenan no sé cuántos Bernabéus. Pero como tampoco era cuestión de ver a Alonso con prismáticos, El Larguero se hace en el Madrid Arena, donde caben los que caben, unos 10.000, dignos representantes de los millones de seguidores que tiene Alonso. Alonso puede estar orgulloso. Puso a siete millones de españoles ante la televisión para verle ganar el título, hizo madrugar a casi dos millones cuando corrió en China y ahora moviliza una caravana de autobuses con destino Madrid. Españoles capaces de provocar tal movida no hay muchos. Alonso y pare usted de contar.




