Un Código de blancos para negros
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Hace muy pocos días, el Comisionado David J. Stern se sentó en teleconferencia tradicional a responder preguntas de periodistas especialistas en NBA. De las 14 preguntas a que se enfrentó Stern, seis fueron directamente sobre el asunto del Dress Code, el Código de Vestimenta, convertido en lo más importante de la Liga. Ningún otro asunto mereció más de dos preguntas: ni el nuevo convenio colectivo, ni las pruebas de salud, ni las televisiones. Sobre los tratos con ligas europeas hubo... una pregunta. Así que ahora interesan menos los nuevos Lakers, que Phil Jackson quiere modelar como sus viejos Bulls, con Bryant haciendo de Jordan y Odom como un Pippen de andar por casa. Y se habla poco del ruido de sables que afila Miami, donde Shaquille O?Neal quiere al copropietario Pat Riley en su lugar natural: el banquillo. De los Spurs, poquito: lo que interesa es el Dress Code. ¿Por qué?
Porque, aunque se diga poco y se intuya mucho, cuando se recuerda a Rosa Lee Parks, la primera afroamericana que se negó a ceder el sitio a un blanco en un autobús, el dichoso código de Stern tiene un tufillo... racista: ya estamos. El pulcro Stern quiere proteger a sus audiencias de lo que el reverendo Jesse Jackson llama Cultura de la Cárcel. Pero Jackson defiende a Stern, que, acosado por las televisiones, no quiere más riñas raperas como la de Detroit, con tatuados ogros comeniños. Pero en Rucker Park, Harlem, se sigue jugando con la magia del demonio: y allí no hay blancos. A ver...




