Sigue su marcha la apisonadora
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Tras destrozar al Betis, dos empates (ante el Everton y Charlton) eran signos inequívocos que el Chelsea estaba en plena crisis. La nación entera aguantó la respiración y sacó los cohetes lista para celebrar su primera derrota liguera desde hace más de un año. Arsene Wenger vio "indicios de un bajón de nivel" de los de Mourinho. Llegaba el Blackburn de Mark Hughes con ganas de guerra porque, como muchos otros equipos que han intentado en vano parar a la apisonadora azul, se sentían ultrajados y vengativos: Hughes hablaba que los suyos son buenos chicos, que fue Mourinho el que les colocó el cartel de equipo violento que les ha perseguido desde el año pasado. Y que por todo ello les iban a dar fuerte en el campo a Lampard y Company.
Menuda presión vivió el Chelsea las horas previas al partido. Mourinho se sentía al borde del despido y reaccionó como tal en la rueda de prensa previa al encuentro de Liga: harto de las preguntas sobre el estado físico de sus jugadores, cogió sus bártulos y se marchó sin acabarla. A falta de otros incentivos, el portugués había apelado de nuevo a lo del "mundo está en contra nuestra". Se ganó 4-2 al Blackburn y ya se acaban los adjetivos para elogiar al Chelsea. Hasta Cruyff se ha cansado de meterse con él: es lo que tiene, te agobia hasta dejarte sin aliento. A Mourinho le fastidia que las crisis se acaben tan pronto, pero algo se inventará cuando haga falta un poco de marejada. ¿Alguien le ha oído decir algo fuera de tono antes de jugar contra el Betis? Por algo será.




