Los males del nuevo colista

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Tiene mala pinta el Estudiantes. No es sólo por el 'caso Jiménez' ni por haber arrancado la Liga con un solo extranjero, McDonald (Caio Torres sigue lesionado). Tiene mala pinta porque así lo dicen las caras de los jugadores, su forma de bajar los brazos ayer. Lo del Palau no es un vía crucis que muera con el 100-66 del marcador. La indignación de Orenga, hasta ahora contenida a base de morderse la lengua, no es sino una muestra de lo que le duele al equipo. Es difícil saber si la plantilla arropa a Carlos o si hay quien no le perdona su deseo de querer irse al enemigo, al que ayer atacó Orenga al argumentar por qué no había dado ni un solo minuto al jugador.
El entrenador no quiere a Jiménez -al menos no a este Jiménez-, convertido en un muñeco de pim-pam-pum por la Demencia. El presidente sigue en sus trece y no vende, dice que no tolerará más fugas al Real Madrid. Él sabrá. Los socios lo aplauden, pero, mientras, la herida sigue sangrando, el equipo es colista y en el vestuario ya no huele a linimento sino a queja, a frustración, a enfado. Y Jiménez ya no es el único que abandona el pabellón como alma en pena. Su pesar se contagia.



