Un ridículo y una paliza de época

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El Zaragoza necesitaba ganar en Getafe, dar una especie de golpe de autoridad, pero regresó a casa con una paliza de época, cosido a goles y con el orgullo hecho trizas. Sin duda, algo más que un accidente, que una de esas catástrofes que en el fútbol se dan de tanto en cuanto. Hay que remontarse al oprobio de Cracovia en la Copa de la UEFA 2000-01 (el equipo encajó cuatro goles en la segunda parte después de irse 0-1 al descanso y luego cayó en los penaltis) para encontrar un ridículo como el de la primera parte de ayer. Entonces Lillo se lo tomó a risa ("¡Vaya cagada que hemos hecho!"). Ahora parece que todos, empezando por Víctor, se han horrorizado ante el panorama de situación: sólo una victoria y el descenso a tiro de piedra.
Pero las palabras, hasta las de mayor autocrítica, sirven de muy poco en el fútbol, si no van acompañadas de un verdadero propósito de enmienda. Y en el Zaragoza viene lloviendo ya sobre mojado. Éste es un equipo demasiado antojadizo, inconsistente y sin espíritu. El envoltorio general es más que notable, pero no es lo que parece: ene ste equipo faltan alma, agresividad, mentalidad y concentración. Ayer salió a verlas venir y luego se dejó llevar hasta el descanso completando un ridículo insoportable.



