Yo digo Tomás Roncero

Hoy toca ganar 0-3 en nuestro nuevo Sarriá

Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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Debe ser duro asumir tu destino, Manolete. Cada vez que hay un derby te llenas la boca de proclamas antimadridistas (las más) y atléticas (las menos), profetizando Katrinas y Ritas que acabarán con los galácticos y dejarán destruido al Madrid hasta el 2035. Parece mentira que no escarmientes. Desde 1999 siempre os mojamos la oreja en el Santiago Calderoneu, nombre con el que ha quedado bautizado al que ya consideramos los madridistas nuestro nuevo Sarriá. Jugar en el Manzanares es un chollo. 50.000 tipos acomplejados que echan espuma por la boca, un equipo de rayas rojas y blancas que no pasaría la ITV en un psiquiátrico y un entrenador clavado al profesor loco de Regreso al futuro.

Para el Madrid es divertido jugar allí, porque los cracks se sienten como en un jardín de infancia donde lo único que hay que hacer es dar chupa-chups a vuestros niños (Torres, Kezman, Pablo) para que te rían la gracia mientras tú disfrutas del agradable clima otoñal del Foro. No quería decírtelo para no hundirte. Pero ahí va. Sí, juega Ronaldo. Vuestro hombre del saco. El terminator que cada vez que aparece por el Manzanares deja el río sin caudal (obras aparte). Hablé ayer con Ronie y me lo confesó: "Tomás, amigo. No deseo ningún mal al Atleti, pero cada vez que juego allí no puedo evitar marcar dos goles. Tendré que hacerlo de nuevo". Y lo hará.

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Se acabaron las gaitas y las paparruchadas, que diría el centenario Del Nido. El Madrid va a tomar hoy vuestra guarida con la agilidad de Casillas, la fiereza de Salgado y Ramos, la experiencia de Helguera, la pegada de Robertito, los bemoles de Pablo García, la astucia de Zidane, el orgullo de Raúl, la potencia de Baptista, la sutileza de Beckham y los goles de R9. No hay color. Bueno sí, el blanco.

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