Palabra de un tiempo de orgullo
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Son historias de un tiempo de orgullo rojo y blanco, que apenas tienen hoy quienes las canten o las cuenten. Ya hace mucho que se nos fueron Manuel Alonso Vicedo y José Antonio Blázquez. El 28-9-1941, el padre de Raimundo Blanco, se sentaba en la Maestranza, en San Miguel, y preguntaba cómo iba en Nervión el equipo de su Niño: "5-0 en el descanso, y cuatro goles del Niño". El Niño. Raimundo Blanco: el cañón de seda de la Delantera Stuka. El Sevilla abría la Liga 41-42 con 10-0 al Oviedo, cinco de Raimundo. Un año antes, López, Torrontegui, Campanal, Raimundo y Berrocal habían estrenado la Liga 40-41 metiéndole 11-1... al Barça. Cinco de Guillermo Campanal.
Cuando Manolete se citaba con Islero en Linares, surgía Juanito Arza, el Niño de Oro. El Sevilla ganó la Liga. Con su sangre roja y con la fe del abogado Ramón Sánchez-Pizjuán, los sevillistas alzaron el corazón de Nervión. Vivieron descensos y tragedias: Pedro Berruezo. Pero disfrutaron a Helenio Herrera, Ramoní, Andrés Mateo, Ruiz Sosa, Suker y el genio coriano de Cardo, que tomó Caparrós. Suerte y orgullo sevillista, Don José María. Que sean muchos más. Y ojalá que para contarlo hubiéramos tenido aquí a su ídolo: el maestro Jose Blázquez, sí señor.




