El enfado justificado del capitán
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Tendrían que ver cómo se le transforma la cara a Beckham cuando se pone a analizar la selección inglesa. Cualquiera no es capitán de los pross y cuando alcanzas ese honor hay que mostrar un plus de responsabilidad: si es necesario, se le echa la bronca en público a Rooney o se encara, en nombre del resto de jugadores, contra la Federación. Sólo en una ocasión he visto a Beckham a punto de perder su compostura. Fue cuando alguien sugirió, tras caer en la Eurocopa, que su estado de forma y su influencia sobre la plantilla mostraba que no estaba capacitado para llevar el brazalete. Quiere pasar a la historia como el capitán que llevó a Inglaterra a lo más alto en un Mundial.
David entiende que, como parte de sus obligaciones, debería haber estado en Old Trafford. No hubo contacto hasta el lunes. Unos pensaron: "Bueno, sabe que debe volver". Y el otro: "Bueno, entienden que debo estar con los míos". No se trata del capricho de un jugador malcriado, sino también el orgullo herido del capitán inglés. Ya sé que cuando se habla de selección estas cosas a nosotros nos parecen marcianas.




