Entrar en la historia por el otro lado

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Sólo alguien con el talante extraordinario de César puede darle vuelta al recuerdo del gol de Galletti en Montjuïc para convertirlo en un halago hacia el Zaragoza. Efectivamente, el portero entró en la historia por el otro lado, por el contrario, por el oscuro: encajó ese disparo del Hueso y le saltó sobre la espalda el júbilo desbordado del zaragocismo. Alguien tuvo la mala baba de insinuar que aquel pelotazo no habría entrado con Casillas en la portería (Queiroz puso a César en la Copa de principio a fin). Esa asunción es arbitraria, imposible de demostrar. Y además, terriblemente injusta con la estatura deportiva de César.
El tiempo le ha ofrecido ahora la redención de ver al Zaragoza, que le derrotó entonces, como su equipo. Un hallazgo magnífico para el club aragonés, que desde hace varios años no tenía duda acerca de la necesidad de fichar a César. Lo hubiera hecho ya el año pasado si no hubiera sido por las apreturas económicas. Eso retardó la sucesión de Láinez. Vino Luis García y el error acabó en drama. Por fin, César llegó a Zaragoza este verano, y en pocos partidos ya ha reunido el aplauso unánime de La Romareda, otra vez a su espalda. Como en Montjuïc. Pero esta vez los dos están del mismo lado para hacer la historia.



