Lissavetzky y su gran cruzada

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Anteproyecto de Ley Orgánica de Protección de la Salud y de Lucha contra el Dopaje en el Deporte". Sólo con el nombre, yo ya me entregaba... Jaime Lissavetzky, al frente del CSD, pretende acabar de una vez por todas con la trampa en el deporte. Es de alabar. Personalmente le conozco de cinco minutos, de compartir mesa y mantel en un foro Ferrándiz en el que se tomaba el pulso al deporte español. Y le creí. Me convenció lo que dijo y cómo lo dijo. No transmite ese tono verduzco, casi amarillento, propio de los políticos que dicen mucho y no dicen nada. La lucha contra el dopaje es su caballo de batalla y este anteproyecto no es más que el primer paso para acabar con esos monstruos de siete cabezas cuyas lenguas de fuego chamuscan a deportes como el ciclismo o el atletismo. Habrá que ver si no encuentra piedras en el camino y si las envidias políticas no dan al traste con una cruzada que sólo mira por el bien de los deportistas.
En definitiva, por nuestro bien, por quienes creemos en todo aquello que parió el olímpico citius, altius, fortius. Si hay engaño, el deporte queda en entredicho, y si el deporte queda en entredicho pocas cosas quedan con las que ilusionarse. Lissavetzky llega a caballo y con 59 medidas con las que combatir a los malos. "Romper con la percepción bastante extendida hasta hace poco tiempo de que éramos un país muy permisivo con el dopaje en el deporte". Ése es uno de sus objetivos. Dejémosle trabajar en paz. Es uno de los nuestros, no importa qué partido le paga la armadura.



