Francia y el diván de Bergeaud

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Cuesta meterse en el papel. Francia era finalista hasta que un triple de Diamantidis hizo trizas el sueño bleu. Y España se veía luchando por el oro -aunque nadie en la delegación hispana en Belgrado lo reconociera- una vez digerido el mal trago croata. Caprichos del baloncesto, ninguna de las dos jugará por el título a partir de las 21:00 horas. ¿Su nuevo rol? Ser teloneros del Grecia-Alemania. Tumbados en el diván, el shock de ayer debería pasar factura a Francia más que a España. Fue un golpe duro, "une grosse déception", como tituló la web de L'Équipe. Corresponderá a Claude Bergeaud la tarea de recuperar a un grupo que se reflejaba en oro y que ahora se mira al espejo y no se reconoce. A un minuto para el final, ganaban por 7 puntos. Un segundo después de la bocina, habían perdido una guerra para la que tienen a soldados como Tony Parker, la espuela de San Antonio (donde ha ganado dos anillos).
Junto a él, Gelabale, los hermanos Pietrus (Florent y Mickael) o Diaw. Y Rigaudeau, que asumió "toda la responsabilidad" de la derrota por fallar dos tiros libres decisivos. Chapeau para él, víctima de una Grecia que busca emular a la campeona del 87 de aquel quinteto que sabíamos de carrerilla: Yannakis, Galis, Filippou, Christodolou y Fassoulas. Ganaron el oro y una licencia de taxi por jugador valorada en millones de dracmas. "Podrán ir al Olimpo en taxi. Y sin pagar tarifa", escribió Martín Tello -otro dardo en la palabra- en la crónica de aquella final. Es una pena que el Olimpo no aguarde hoy a España. Pero es que el Dios Nowitzki jugaba con ellos.



