Ni son un grupo ni son 14
El G-14 nació hace poco más de cinco años. Una de sus primeras reuniones se celebró en el Palacio de Congresos de la Castellana, en Madrid. El G-14 era desde el primer día una organización rebelde para la FIFA, que ni entonces ni ahora les ha reconocido, porque planteaba una cuestión subersiva: Si los clubes pagan a los jugadores, ¿porqué la FIFA dispone de ellos sin dar nada a cambio? Si los clubes son los dueños de los estadios y del espectáculo, ¿porqué los derechos de publicidad y televisión los cobran y gestionan otros? El G-14 planteó en 1998 la creación de la Superliga europea al margen de la FIFA y de la UEFA, que respondió perfeccionando la Champions. Más tarde, en el 2003, solicitó una indemnización global de 100 millones de euros anuales por ceder a sus internacionales para las competiciones de la FIFA, y el proyecto también cayó en saco roto. La FIFA y la UEFA han frenado sus planes aplicando la estrategia del César: divide et vinces. El miedo guarda la viña, y los clubes del G-14 (que son 18 en realidad) se han parapetado tras un modesto, el Charleroi belga.




