El Milán y un gran Brasil
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Lo de jugar sin extremos no es sólo propiedad de Luxemburgo. El Milán jugó mejor que nadie en los últimos años sin ellos, con un centro del campo habitual Pirlo-Gattuso-Seedorf-Kaká y dos puntas. Eso sí, Cafú siempre estaba adelantado. El Madrid de Del Bosque tampoco los tenía (Figo y Zizou se iban al centro). Roberto Carlos equilibraba aquel dibujo asimétrico. Recuerdo también el centro del campo del gran Brasil del 82 con Cerezo, Falcao, Sócrates, Eder y Zico. Incluso Junior jugó de lateral izquierdo para que todos tuviesen hueco. Aquel equipo bordó el fútbol sin extremos. La clave es la velocidad del balón. Luxemburgo dirigió muchos equipos y pocos extremos puros, casi ninguno. Zé Roberto no es un jugador de banda, por ejemplo.
Tampoco Djalminha ni Rivaldo en su Palmeiras, ni Alex en su Cruzeiro, ni Marcelino o Ricardinho en el Corinthians. Pero casi siempre tuvo laterales ofensivos. Cafú y Junior en el Palmeiras, el excelente Maurinho en el Cruzeiro, Leo en el Santos y la pareja Roberto Carlos-Cafú en Brasil. Se puede abrir el campo desde los laterales en un equipo que lleve la iniciativa, pero no hay nada que hacer con un ritmo lento, en el que nadie se mueve. Esa es la asignatura pendiente, y tiene mucho que ver con la edad de Zidane y Raúl. Hagan el ejercicio de ver un partido del Real Madrid de hace unos años y verán la diferencia de velocidad. Ese y no otro es el gran problema, por desgracia con difícil solución. Antonio Mello tendrá que trabajar mucho ese aspecto.




