Según quien lo cuente
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Si esta crónica la hubiera escrito un deportivista titularía "Justicia postrera". Si la redactase un atlético, pondría algo como "Leo fue insuficiente". Pero para el espectador de Murcia que se sentó a ver el encuentro en el salón de casa con los amigos, el titular sería "Mucho lirili y poco lerele". El partido fue un ejercicio de profesionalidad notable. Todos corrieron, sudaron la camiseta y alguno, los menos, se atrevieron a encarar. Munitis y un par de ellos más. Con el césped lleno de policías, los ladrones no se animaron a robar el botín y el empate sobrevoló Riazor durante 90 minutos. El triunfo es un merecido premio para los esforzados locales. La derrota, un merecido castigo para los inocuos visitantes. (Con la excepción de Franco, Leo).
La segunda parte evidenció que el Deportivo está más rodado y que tiene menos pólvora que el Atlético. Dispuso de varias ocasiones clarísimas, pero el gol es la asignatura pendiente de un equipo en el que Andrade es uno de sus goleadores del verano y Juanma y Capdevila sus artilleros ligueros. Taborda no es lo que se dice un finalizador, pero arrimará el hombro. Con el Atlético agotado, los policías rojiblancos distrajeron la vigilancia y los canijos (Munitis y Rubén) les trajeron de cabeza. Pero cuando perdonas, el fútbol te suele pasar factura y Caparrós se temía lo peor. Con esa angustia, Molina salvo los muebles y Capdevila los puntos. Al final, todo se verá depende de quien lo cuente: Tres puntos más. O un punto menos. Salvo en Murcia.



