Yo digo Alejandro Delmás

Garrinchas en el barrio de Nervión

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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En el último censo realizado en Sevilla de especies exóticas se han detectado ciertas cotorras extrañas en los parques del Alamillo, María Luisa y La Buhaira. Los dos últimos jardines se acercan al corazón de Nervión, en la vecindad del campo del Sevilla y junto al único resto (una puerta de corrales) de la desaparecida Plaza Monumental, el coliseo taurino que no sobrevivió a la muerte de Gallito. Las frescas cotorras pertenecen a una rara subespecie amazónica: se sospecha que puedan ser parientes de la garrincha, extraño pajarraco negro y amazónico que dio el nombre de guerra a un jugador tan indescifrable como sagrado para Brasil: Manoel dos Santos. Sí: Garrincha. Sí: Mané, la alegría del pueblo, el genio de las piernas tuertas que disfrutaba cazando garrinchas y que el Botafogo fichó por orden del gran Nilton Santos, al que Mané le había pasado el balón entre las piernas. Y, ¿qué hacen las garrinchas en Sevilla, tan cerca del Pizjuán y de Nervión...?

Es fácil que los pájaros amazónicos en los que anida el espíritu de Mané sean de la remesa que se instaló en Sevilla en 1982. Ese año, el 14 de junio, ante la URSS de Dassaev, y el 18 y el 23 de junio, en el Benito Villamarín, hoy llamado oficialmente Manuel Ruiz de Lopera, por la gracia de Dios y de la asamblea de socios del Real Betis Balompié, Brasil embrujó, en un pase de macumba, a la ciudad más bruja: Sevilla. Y Sevilla y sus noches de verano hechizaron a Brasil, a sus garotas, al doctor Sócrates, que paseaba con sombreritos de paja, a la zurda-cañón de Eder Aleixo de Assís y al futebol aristócráta de Paulo Roberto Falçao, un pincel. El secreto de por qué habitan aquí las garrinchas descansa en las últimas miradas de Sócrates y Eder a las dos escuadras de Dassaev.

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