Nowitzki, su codo y el voleibol

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Quería hablar de Nowitzki y por poco acabo hablando del tiempo, de la financiación sanitaria o del chimpancé y nuestro ADN. Quería hablar de Nowitzki porque cualquier motivo es bueno para hablar del mejor jugador europeo de la NBA (que me perdonen Gasol, Parker o Stojakovic). Un jugador al que sólo le falta el anillo de campeón, porque todo lo demás ya lo tiene. Tiene un buen equipo, Dallas. Tiene un físico envidiable, esos 2,13 metros que no son óbice para jugar de dos e incluso de uno si se le antoja. Quería hablar de Nowitzki, pero a punto estuve de no hacerlo porque a los 50 segundos de partido su codo impactó en la nariz de Garbajosa y ambos visitaron la enfermería.
El de Torrejón de Ardoz deberá estar 24 horas en observación, su tabique nasal así lo requiere. El de Würzburg regresó a la pista. Jugó a medio gas, ofreció un par de acciones que asombraron a la Fonteta, pero no bastó para que Alemania ganara. Quería hablar de Nowizki y al final lo he hecho pese a que durante la retransmisión estuve tentado de hablar de Rafa Pascual o de Miguel Ángel Falasca, que jugaban contra Grecia en el Europeo de voleibol. Con tanto vaivén televisivo (conexión con Belgrado y el voleibol, salto a Valencia y el baloncesto, vuelta a empezar...) a punto estuve de ver a Moltó de pívot y a Calderón de colocador. Afortunadamente, las dos Españas ganaron. Eso sí me quedó claro.



