El baloncesto ha sembrado
El baloncesto femenino saltó ayer a escena. Todo el foco para ellas, que se lo merecen. Había que verlas en el último Europeo, donde dieron una lección de casta. Su premio: la medalla de bronce, segunda consecutiva que consiguieron. Resulta que la Selección masculina se lleva todo el protagonismo y la femenina no se queda atrás en cuanto a resultados. Sus partidos, por cierto, son un primor. Como son bajitas 1,82 de media para la estatura que se lleva en el baloncesto, se enfrentan a verdaderos gigantes y emplean la velocidad como arma. Posesiones cortas, y a correr para huir del contacto, donde tienen todas las de perder. Y forman, sobre todo, un equipo. Un equipo en el más estricto sentido de la palabra. Se mira el palmarés de las jugadores y, al margen de sus medallas en los dos últimos Europeos, salen dos oros del Europeo cadete de 1999, tres oros del júnior de 1998, dos platas del júnior de 1994, cuatro platas del juvenil de 1993, una plata del cadete de 1992 y otra del júnior de 1990. Casi todas llevan jugando en las categorías inferiores de la Selección desde su infancia. Mérito de la Federación es evitar que estos valores se pierdan; así los jugadoras de la Selección acumulan una media de 63 partidos internacionales. Lo mejor es que el relevo está asegurado. Este verano las chicas sub-16 han sido campeonas de Europa y las sub-18, subcampeonas. Es la recolecta que se recoge tras haber sembrado de baloncesto los colegios.




