La ilusión fundada sí es rentable
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Ilusión. Los humanos somos fáciles. Nos ponemos a imaginar que ocurre aquello con lo que soñamos y nos lo acabamos creyendo. Y en esa faceta, el fútbol es el rey. Porque Natalie Portman no sale por Malasaña, porque nadie regala áticos en el centro, porque ni salto como Jordan ni paso como Magic ni tiro como Bird y así hasta el infinito. Pero el fútbol es otra cosa. Cada año se resetea y empieza de cero. Da igual lo que pasó un mes antes, todos pueden sentirse triunfadores potenciales.
En eso, el Atlético lleva años siendo un experto. Pero hay un grado más de ilusión que no viene de serie. Consiste en que las esperanzas sean fundadas y sobrevivan más allá de octubre. El aficionado rojiblanco no sentía algo así desde mediados de los noventa. Hoy puede hacerlo de nuevo y se lanza a comprar. Normal. Las camisetas son demasiado caras como para que se rían de ti si la llevas por la calle. Pero Torres, Petrov o Kezman son una inversión segura. Y el club gana dinero. Se podían haber dado cuenta antes. No sé qué hacer con mi camiseta de Richard Núñez. Lástima.




