Un Amat le hace falta a la ACB
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El Girona es el equipo de baloncesto que se ha puesto de moda este verano. En cuanto comience la liga todas las miradas estarán puestas en él. Y Josep Amat, el mecenas del equipo, reconoce que su inmobiliaria ya está amortizando la inversión: "El nombre de Akasbayu ha empezado a ser conocido y gente que no sabía nada de nosotros ha preferido darnos el solar antes que a otros". Buen ojo el de Amat. Por 25 millones de euros ha puesto su empresa en lugar preferente del mercado inmobiliario, donde los beneficios superan con mucho la cantidad invertida. Sólo ha tenido que echar un poquito de imaginación y sentido común al asunto. Lo que nadie se ha atrevido hasta ahora en el mundo del baloncesto.
Más de una vez se ha hablado en tertulias baloncestísticas de la posibilidad de hacer un equipo basado en los mejores jugadores españoles. Los profesionales del baloncesto torcían el gesto. "Carísimo", "no son tan buenos", "como no haya extranjeros...", venían a concluir. Pues ha llegado alguien ajeno a su mundo y un equipo que la pasada temporada basaba su juego en Thompson, Myers, Victoriano, Dumas, Recker y Rogers, que ganó 11 partidos y perdió 23, que fue antepenúltimo y del que nadie hablaba, lo ha convertido en uno de máxima expectación fichando a cuantos españoles ha podido: Fran Vázquez, Dueñas, Gabriel y Raúl López. Estaban ahí y nadie les veía. Un Amat es lo que le hace falta a la ACB.




