Yo digo Quique Iglesias

El punto de un equipo

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El Real Zaragoza es precisamente esto, un equipo de fútbol. Cualquier otro se hubiera rendido, o preferiría haberse escondido bajo el ala de una goleada veraniega después de una primera parte complicada. Pero Víctor Muñoz debió apelar al orgullo de un club grande, para sacar lo mejor de sus futbolistas. Poco importaba que Diego Milito sea como un oasis para el sediento, o que con Celades la creación vaya a ser la panacea. Y como un equipo empieza desde el portero, bien están estas líneas para aplaudir la actitud de César. Ha forzado para recuperarse de una lesión muscular. La ilusión de sus casi 34 años le permiten sobrepasar cualquier límite médico. Luego está la defensa, amonestada por Iturralde casi desde los vestuarios.

Milito es muy bueno, Álvaro vuelve a ser un coloso, y hasta los laterales se entonaron con el paso de los minutos, y de los derrotes de Petrov y Maxi Rodríguez. Y de camino de la delantera se impone detenerse en Movilla. El mediocentro no le temió a nadie, por lo que acabó por comerse con patatas a Luccin y a la cuadrilla de peloteros de Bianchi. Ewerthon, Savio y el intermitente Sergio García no hicieron nada más que dar la cara por la supervivencia de un Zaragoza superior en la segunda parte. Hasta Víctor se apuntó al carro del éxito, con el cambio acertado de un Cani especialmente inspirado en los minutos que estuvo en el campo. Pues eso, que un equipo también sirve para que un empate a cero sepa a oro puro.

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