Meca se sale de las normas
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David Meca se dispone en estos días, si las condiciones del mar lo permiten, a cruzar el Canal de la Mancha con el ánimo de establecer el récord mundial. Eso supone nadar los 37 kilómetros que van de Dover a Calais en menos de 7 horas y 17 minutos. Para un campeón del mundo de larga distancia no tendría que ser difícil, pero nada tiene que ver una travesía por mar abierto, donde las corrientes imponen su ley, con un campeonato sobre aguas calmadas, por muy oficial que sea y por buenos que sean los rivales. A mí me parece más difícil lo primero que lo segundo. El mérito de Meca es compatibilizar las dos facetas de su deporte. No deja de ser una manera de popularizar la natación, precisamente por salirse de las normas.
En cualquier caso, el intento que afronta hoy es mucho más serio que alcanzar con grilletes la costa desde Alcatraz. La travesía del Canal arranca de 1875, cuando Matthew Webb la realizó en 22 horas. Desde entonces no se trata sólo de cruzarlo a nado, sino de hacerlo en el menor tiempo posible. Meca ya lo intentó el año pasado, pero se quedó a 23 minutos del récord. Esta vez los puristas del deporte no tienen motivos para acusarle de buscar protagonismo a través de exhibiciones populistas. Es cierto que Meca saca beneficio de ellas -en su web se ofrece a pasar un día en la piscina de quien se lo ofrezca-, pero no deja de ser un nadador excepcional. Hoy mismo puede entrar en la historia más por su travesía que por sus medallas.




