Tiemblen: la lógica llega al Atlético
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No me gustan las certezas. Me agobian y me aburren. Por eso el Atleti siempre ha sido una garantía. Pero este año... Lo pienso y lo repienso y no veo qué puede fallar. Y sí, me gusta la sensación de ser caballo ganador por una vez, pero también me da miedo. ¿Y si me convierto en uno de ellos? Confiado, prepotente, altivo, uno más sin atractivo alguno... No sé. Les aseguro que tantas cosas bien hechas nos tienen despistados. Mi padre se ha autoatropellado, yo creo que intentando lograr su dosis anual de sufrimiento veraniego. A falta de un Sosa, me parto el brazo. Así somos. Buena parte de la culpa es de Bianchi. Emana tanta serenidad que ha convertido el manicomio del Calderón en un convento de ursulinas. Pero no todo el mérito es suyo. Él es el estandarte del proyecto, pero Toni y Cerezo se han encargado de darle unos mimbres con los que la afición ni soñaba.
Oigo muchas comparaciones con el equipo del doblete, pero ni se parecen. Aquel lo logró todo desde la sorpresa. Llegaron un desconocido (Pantic), un delantero que había dejado atrás sus mejores días (Penev) y un portero y un central protagonistas de un descenso plagado de goleadas (Molina y Santi). Nadie contaba con ellos. Fue un Atleti puro, que llegó cuando nadie le esperaba. Esta vez es diferente. Todos los fichajes son internacionales de primer nivel y es un secreto a voces que el equipo de Bianchi es una alternativa de poder. Si gana, no sorprenderá a nadie. Sé lo que piensan: "Algo pasará". Pues no creo, la verdad. Es lo que tienen las cosas bien hechas, que salen bien. Y, pese a que el triunfo de la lógica pueda ser más aburrido, creo que lograrán acostumbrarse. ¿O no? Suerte.




