Weltklasse, Gatlin, 110 y Pentinel
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La Weltklasse de Zúrich es un minicampeonato del mundo y una fiesta que se extiende durante cuatro horas y media por el ancestral Estadio Letzigrund. El otoño se acerca en Suiza y el aire de los Alpes y los lagos te acaricia con perfumes silvestres: nada que ver con lo que se respira en Madrid. Allí huele a lavanda, parecido al Vetiver de Guerlain que tanto fascina a Elle McPherson. Ya hemos dado muchas pistas. La Weltklasse no ha bajado el pistón desde que se retiró el viejo jefe, Res Brügger. Eso fue en 2000, en plena pasión cubana de Niurka Montalvo, que allí compitió con Marion Jones tragándose las lágrimas por el veto de Fidel y Juantorena y por la acerada persecución de ciertos periodistas. Samaranch estaba allí, pero no pudo arreglar nada. Los periodistas, menos. Allí, Niurka acordó volver con Blanquer a Valencia y dejar La Línea. Hoy, HansJörg Wirz, el sucesor de Brügger, ha podido aguantar el tirón de la gran reunión, hervidero de managers y corrillos: un zoco.
Allí, en 1988, en una carrera maravillosamente libre, Harry Butch Reynolds llevó a 43.29 el récord mundial de 400 lisos. A Lee Evans le habían durado 20 años sus 43.86: justo desde el día de México 1968 en que Bob Beamon saltó 8.90 metros. "Este récord no merecía llevar más el asterisco de haber sido batido en altitud", disparó Reynolds. En sólo minutos, Ben Johnson y Carl Lewis se enfrascaron en un 100 electrizante. Ganó Lewis, tras salida nula de Johnson. Se embolsaron... 250.000 dólares. Pagaron las TV. Hoy, Gatlin dice que algún día probará en 110 vallas, pues ha hecho 13.41 sin entrenar las vallas. Y en 3.000 obstáculos, siete kenianos de origen acechan a Pentinel y demás blanquitos. Es la Weltklasse.




