Razones de una derrota
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A Rafael Nadal Parera, el atleta de élite más competitivo de España y quizá uno de los dos o tres mejores competidores en el deporte mundial, es duro hacerle admitir las razones de una derrota. Perder es tan malo de tragar para Nadal como para Drazen Petrovic, Jordan, Rocky Marciano o Armstrong. Pero como la palabra derrota ya casi no guardaba relación con Nadal, pues habrá que explicar... las razones de una derrota. Aunque Nadal no lo acepte tan fácil, las cosas han ido así. Primero, una final (y una semana) a todo trapo en Montreal, bajo los tiros de Agassi: tres sets de fuego... más una suspensión de una hora en la que hay que permanecer sudando, listo para jugar en cualquier momento. De hecho, esa final fue un partido a cinco sets. Agassi, baldado y precavido, se borró de Cincinnati, un torneo que a él le gusta y domina bien: lo ganó en 2004.
Nadal, que siempre hace un desgaste sobrecogedor y da la impresión de haber adelgazado un pelín, se fue a dormir (?) en pleno chutazo de adrenalina... y a la mañana siguiente, el lunes, se metió en aeropuertos: vuelo de unas tres horas, entre dos zonas horarias: Montreal, Canadá, y Cincinnati, Ohio, hora central de EE UU. El martes, a romperse con el gigante Berdych (1.93), con quien ya fue a tres sets en la final de Bastad. En Atenas, Berdych, un martillo pilón, machacó el sueño olímpico de... Federer. Nadal estaba al borde de una lesión fibrilar. Mejor que descanse: aguarda Nueva York.




