Lorenzo Sanz, otra ilusión

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En los años 70 el Granada era un equipo temido por los grandes, especialmente el Real Madrid. Tenía fama de leñero, pero también un equipazo con jugadores como Porta, Izcoa, Lasa, el 'Tigre' Barrios, Aguirre Suárez u Oruezábal. Amancio Amaro decía: "Cada vez que jugábamos en Los Cármenes había que despedirse de la familia". En 1976, con Miguel Muñoz como entrenador, descendió a Segunda para no volver. A finales de los 80 fichó al hermano de Maradona, Lalo (según 'El Pelusa' el mejor de la saga) y... se fue a Segunda B. Lo más triste es que ahora va a cumplir su cuarta temporada en Tercera División y que la Granada futbolística se agarra al pasado para sentirse reforzado en su autoestima. Una ciudad de Primera y un equipo en Tercera frisando con demasiada frecuencia la disolución. ¿Por qué ha tocado fondo así este Granada?
La llegada de Lorenzo Sanz con su hijo, Paco Sanz, puede insuflar ese aire de optimismo, frescura e ilusión necesarios para, partiendo de cero (espero que ahora de manera definitiva), pueda remontar vuelo y situarse donde le corresponde. Sanz fue un buen presidente para el Real Madrid, al cual hizo ganar esa Séptima Copa de Europa que el madridismo pensaba que jamás llegaría, tras acostumbrarse a ver las otras seis en el NO-DO. De una cosa estoy seguro. Va a aportar honestidad y trabajo, aún tras la mala experiencia que sufrió en Servette donde palmó cinco millones de euros, que fueron a parar, me temo, a cualquier bolsillo de algún estómago agradecido. El fútbol de Granada ya ha puesto la primera piedra para salir de la mediocridad. Una mediocridd que dura demasiado y que, desde ya debe terminar. Por eso llegó Lorenzo Sanz. ¡País!



