Kempes, Longhi y los miserables
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La cesión bufa de Saviola al Sevilla, la reacción de Dani y la rajada de Morlanes en El Larguero nos pillaron en Peralta (Navarra), en un partido amistoso entre Osasuna y Zaragoza (1-0, para más señas). Como el que suscribe está sumido en la indignación, busca el compadreo de los amigos. Nos encontramos con Raúl Longhi en la puerta del vestuario de su Zaragoza. Fue perico, de jugador y entrenador. Está alucinado, no creía que el Barcelona pudiera llegar a caer tan bajo. Nos asegura que nada volverá a ser lo mismo, pero a mí lo que me sorprende es que le veo seguro de que Saviola será blanquiazul la próxima temporada. "Los buenos futbolistas siempre acaban jugando donde quieren", desliza Mario Alberto Kempes, el ilustre campeón del mundo que también andaba por Peralta. Cosas de la ESPN y de sus argentinos europeizados.
Desde la ducha sale Delio Toledo. El paraguayo también está al tanto de las declaraciones de Sánchez Llibre. No puede creer que un club que se tache de grande sea tan mezquino como para negarle a un futbolista el derecho a jugar donde desea, y más Saviola, "que nunca se ha quejado de nada". Es reconfortante que en una tercera línea de fuego también estén del lado del raciocinio, del lado de los buenos. Porque los malos son los del Barça, y por extensión todos aquellos seguidores que deben suscribir ese ejercicio miserable de negarle el pan y la sal al vecino pobre. Los pericos jamás le han servido de impedimento a los culés para ejercer su supremacía. Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. Si es que en definitiva la categoría en la vida no se puede comprar, y Laporta ha demostrado que no ha aprendido nada. Ni lo hará nunca. Pobre.



