Sin duda, el 'trofeo de los trofeos'

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El Cádiz siempre ha sido la estrella del Trofeo Carranza. Durante su infierno en Segunda B, la afición cadista venía en el 'trofeo de los trofeos' una oportunidad de codearse con los grandes, a quienes solía plantar cara. Si se proclamaba vencedor, se organizaba la fiesta en la playa anexa al estadio; si jugaba el partido para el tercer y cuarto puesto acudía más gente que a la final. Un buen Carranza, en aquellos años oscuros, era la única alegría que los hinchas del Submarino podían llevarse a su casa. Y así año, tras año, tras año. Por esta razón, el Trofeo Ramón de Carranza jamás perdió comba ni pujanza pese a que, mediáticamente, el Teresa Herrera de A Coruña, el Joan Gamper o el Santiago Bernabéu se llevaban el protagonismo. El Real Madrid dejó de ir a la Tacita de Plata cuando, antaño, era su buque insignia. Pero no pasó nada, Ahí estaba el Cádiz.
Pero lo que ha sucedido este año ha traspasado todos los límites de lo imaginable. El Cádiz ha conseguido alcanzar la cifra de 19.000 abonados. Si su estadio tuviera una capacidad de 30.000, seguro que se llenaría. Tal es la fiebre amarilla que la presencia del Barcelona, vigente Campeón de Liga -e indiscutible ganador de 'la cochinadita nacional'- está en un segundo plano. La gente está deseosa de ver al Cádiz y entre Sevilla y Barça, lo tienen muy claro. Se quedan con los nervionenses. En unos tiempos donde los torneos veraniegos aburren más que el programa de Julia Otero; en una época donde en estos partidos se ve más cemento que en las obras del 'Metro', el 'trofeo de los trofeos' es una bocanada de aire fresco salvadora de lo que hoy en día es una triste realidad: la absoluta decadencia de este tipo de partidillos en pleno estío y calor. ¡País!



