Yo digo Julio Maldonado

Robinho, por la puerta grande

Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

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Ante el Corinthians, hace unos meses, Robinho firmó una de sus últimas exhibiciones con la camiseta del Santos. El torneo paulista empezaba y la TV Globo brasileña presentó el choque como un duelo entre el heredero de Pelé y el de Maradona. Robinho contra Tévez. Aquel partido fue una obra de arte. Sobre todo, porque Robinho diseñó el fútbol casi perfecto. Vila Belmiro enloqueció ante los regates, los cambios de ritmo y de posición de un jugador que se movió por todo el ataque y volvió loca a la defensa rival. Algún día contaremos la historia del DVD de aquel Santos-Corinthians. De cómo fue de salto en salto hasta el despacho de Florentino Pérez. Aquel día Robinho demostró una gran sintonía con la hinchada que siempre le ha idolatrado. Un beso al escudo tras cada gol y continuos gestos al público en busca de ánimo. El estadio se caía y Robinho era feliz.

Anoche, ante el mismo Corinthians, regresó de la mejor forma posible. Ya es jugador del Real Madrid, pero se despedirá a lo grande de su gente. Hubiese sido muy triste una despedida a la francesa. Ni Robinho, ni la historia del Santos, ni su magnífica hinchada merecían un final tan triste. A Robinho aún le quedan seis partidos con el Santos y, en cada uno de ellos, todo el país se dará cuenta de que tardará un tiempo en salir un talento de su enorme nivel.

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