Yo digo Fermín de la Calle

Pinturas de guerra al sur de Padrón

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Sospecho que levantarle un fichaje a Lendoiro debe ser una experiencia parecida a robar el tren de Glasgow, ganar al Real Madrid una final de Copa en el Bernabéu el día de su Centenario o darle jaque mate a Gary Kasparov. Excitante, por inesperado. Pero a veces, ocurre. Ayer, Horacio presentó el fichaje estrella del fichaje estrella de Lendoiro. El que iba a serlo, quiero decir. Aún no me cuadra de celeste. Baiano era, desde Luque, el primer jugador con cierto tirón. No digo que Baiano sea Romario, pero después de Munúa, Munitis, De Guzmán o Juanma, el cuerpo pedía darse una alegría.

Lo malo no es el disgusto de Lendoiro, peor es el desolador panorama que tiene ahora ante sí. Porque no quedan delanteros solventes y de coste bajo en el mercado. Reseñar el cinismo de Baiano, que negociaba con el Depor 24 horas antes de decir cosas como "siempre quise venir aquí, el Celta me quería desde hace un año" o "di mi palabra hace meses". Le faltó proclamar su celtismo de cuna. Y destacar, por supuesto, la actuación coral de su agente, el tal Pericet, que ya se la hizo a Del Nido con Edu. Malos enemigos colecciona el tipo en cuestión. Por último, mal Lendoiro en la derrota al afirmar despechado que descartó a Baiano por su maltrecha rodilla. Por cierto, Lendoiro también tocó a Placente y Javi Guerrero. Manda carallo.

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