Los Alpes, territorio comanche
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Por fin vamos a conocer hoy el estado real de Armstrong. Durante la primera semana ha estado mandando mensajes contradictorios al pelotón y nos tiene en la duda. La entrada en territorio comanche va a desatar las primeras batallas con fuego real. ¿Será él quien primero desenfunde? ¿Será la legión de quienes por detrás le retan a duelo? Armstrong, desde luego, tranquilo no está. Ha conseguido llegar con cierta ventaja a los Alpes, pero no es nada ante lo que se avecina. Tiene a Basso y a Klöden, sus compañeros de podio el año pasado, a menos de dos minutos; también, a Vinokourov y Ullrich, que van a por él. A tres compatriotas suyos -para que luego digan que no ha creado escuela-, a menos de dos minutos y medio.
Y lo peor para Armstrong es que toda esta gente que escupe por el colmillo acude en cuadrilla. Temible la del T-Mobile, que reúne a Vinokourov, Ullrich y Klöden. Landis, en el Phonak, tiene gente que anda bien como Botero y Pereiro; Basso, en el CSC, a Julich y Sastre. Y cómo no vigilar a Valverde, que cuenta con Mancebo y Karpets, o a la pareja Heras-Beloki que tan bien conoce, uno como escudero y otro como rival. En cualquier caso, demasiada gente como para no intentar hoy dejar a la mitad reducidas sus aspiraciones a ganar alguna etapa, una vez que no sean un peligro para la general. Terreno para hacer daño hay. Y no se va a desaprovechar, porque es ahora precisamente cuando todos van aún con el depósito lleno.




