¡Siempre les quedará Galicia!
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Lendoiro es lo más galáctico que el Deportivo ha regalado al mundo. Si uno pregunta en Vigo por su director deportivo, en lugar de un encorbatado personaje de verbo florido, se topará con alguien tan poco empalagoso como Félix Carnero, un secretario técnico a la antigua usanza. Y si hablamos de fichajes mediáticos, el Racing de Ferrol presumirá de sus hispano-australianos, sueco-bosnios, guatemaltecos... Galicia se reinventa en la era del mercantilismo futbolístico.
Al norte del Bierzo comprar los duros a cuatro pesetas es una obligación para mantener a sus maltrechos clubes. El Deportivo, con apenas 30.000 socios, compra futbolistas de coste cero, el Celta (con poco más de 14.000 fieles) alquila futbolistas por temporadas y el Racing de Ferrol (si acaso dos mil incondicionales) organiza cada verano una especie de Operación Triunfo futbolística en la que pesca jugadores para subsistir en Segunda. Es el ingenio como respuesta a una tesorería descorazonadora y una deuda sangrante. Es el milagro del fútbol gallego, un fútbol que cada verano se ilusiona cíclicamente pese a sus precarios recursos. Galicia, la tierra a la que no llega el AVE y los aviones aterrizan tarde, es la tierra de las oportunidades para esos futbolístas mustios a los que siempre les quedará Galicia.



