La bolsa y el fútbol
El cuento de la lechera. A finales de los 90 algunos clubes españoles hicieron gestiones para que se les permitiera salir a Bolsa. Las vacas pacían orondas, el pasto aparentaba infinito y la leche fluía y abundante. La venta de los derechos audiovisuales para cinco temporadas les alojaba en un futuro mejor. Hubiese podido ser así, pero la gestión del maná dejó mucho que desear. En plena euforia, se fijaron en una nueva vía: cotizar en el parquet.
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Quién así pensó, no daba puntada sin hilo: muchos clubes ingleses e italianos ya estaban ordeñando esta ubre. Emparejar algo tan incierto como la Bolsa con la pasión y sentimientos que conlleva el fútbol es transitar sobre el alambre. El día después en que la Roma ganó su último Scudetto, sus acciones cayeron en picado: había que pagar las primas. En Inglaterra, ya lo hizo Abramovich con su Chelsea y ahora Glazer con el Manchester United: retirar la entidad del parquet. El resto de clubes ingleses que todavía cotizan podrían seguir en breve el mismo camino: sus acciones están muy por debajo de su valor inicial. En Italia la situación es aún peor.
Complicado maridaje. Y contradictorio: el mismo balón que cruza la meta rival derrama tu propio cubo de leche. El efecto de los lunes, como lo califica un buen amigo experto en este tema. Un efecto que algo tendrá de perverso cuando el ruso y el norteamericano deciden abandonar el parquet. Multimillonarios, s aventureros, quiz caprichosos, seguro. Tontos, no.



