La peor pesadilla del Baskonia

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Ni en la peor de las pesadillas podía el Baskonia imaginar un final tan cruel, tan duro, tan despiadado. Perder en Moscú contra el Maccabi Tel Aviv en el marco de la Final Four supuso un fuerte golpe, pero la sensación que quedó es que la tormenta amarilla fue superior al Tau y ganó con solvencia al conjunto vitoriano. Ayer, sin embargo, el equipo de Dusko Ivanovic se suicidó. Y además lo hizo en el último minuto, cuando ya acariciaba el trofeo, con pérdidas ridículas de posesión. No tiene sentido que Luis Scola intente una canasta a aro pasado cuando lo más conveniente era mantener la posesión. Tampoco resulta demasiado comprensible la pérdida que comete Pablo Prigioni al intentar salir de una presión a toda cancha. Lo de Tiago Splitter tiene más lógica considerando su juventud y el hecho de que han de ser el resto de sus compañeros quienes le ofrezcan la posibilidad de un saque de fondo tras canasta.
En el otro bando, el de la felicidad, me gusta el hecho de que el héroe puntual de la última canasta sea Alberto Herreros, un jugador veterano en la Liga ACB, un auténtico caballero de este deporte que supo esperar durante años su oportunidad para cargar la escopeta y finiquitar la serie con un triple ya histórico. Creo que hay que comportarse como lo hizo José Manuel Calderón, el primer jugador baskonista que aplaudió a su rival cuando levantó el trofeo en el centro del Buesa Arena. Un título que ganó el Real Madrid por méritos propios, tras cinco duelos intensísimos e igualados; pero que para explicarlo en su justa medida habría que decir que lo perdió el Tau en uno de los minutos más amargos de toda su existencia.



