Este Atleti no puede ir de seductor
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Veo a mi padre despistado: "¿A quién fichamos?". Y me mira con cierta desconfianza, ha leído tantos nombres que ya no sabe qué creerse. Intentaré explicarlo. Para entender lo que le pasa al Atlético hay que tener muy clara la dura diferencia entre el que quiere y el que puede. Una noche, un bar, un grupo de amigos y dos especímenes. El primero mira a su alrededor, elige y se pone en marcha. Es un cazador selectivo: un solo objetivo, sin prisas, sin arrastrase y sin bajar el listón de sus deseos. Se lo juega todo a una carta porque sabe que lo normal es que lo logre. Un seductor. En el fútbol actual, el Madrid es Casanova, un clásico, el nombre las rinde; el Barça, Brad Pitt, un guapo de moda; y el Chelsea es Onassis, un yate está bien, pero una flota es irresistible.
E l Atleti? El Atleti es el otro especimen, es Alfredo Landa en una de aquellas pelis de suecas en Benidorm. Consciente de sus limitados atractivos actuales, le dispara a todo lo que se mueve. Es lógico, para fichar a uno bueno tienen que tantear a cien. Y a ello está. Siendo optimistas, en esas pelis siempre picaba alguna rubia. Aquí el problema es temporal. Este especimen baja el listón según pasan las horas. A las doce le entra a Natalie Portman y a las siete, a la cerdita Peggy. Toni aún va bien de tiempo: Kezman y Petrov son grandes fichajes, pero, si no concreta ya, pueden transformarse en Salva y Richard Núñez. Recen.




