Sonómetro y broncas

Noticias relacionadas
Hoy no voy a hablar del equipo garrapata. Eso lo dejo -quizá- para mañana, cuando sabremos si la ACB tiene campeón o si debe decidirse en un quinto y definitivo duelo, para sorna de quienes dicen que en baloncesto todo se resuelve en el último segundo del último partido. ¡Cuánto saben! De lo que voy a hablar es del sonómetro, el último juguetito de la ACB, que me tiene enganchado desde que comenzó la final. ¿Para qué sirve? Para medir los decibelios en los pabellones, o lo que es lo mismo, para calibrar qué afición es más caliente: ¿la del Tau o la del Real Madrid? En el informe, diseccionado partido a partido y cuarto a cuarto, queda clara una cosa: los decibelios se disparan cuando hay bronca. Así me gusta, una final calentita. Hasta el momento, el eso-no-me-lo-dices-tú-en-la-calle entre Scola y Reyes en el segundo partido se lleva la palma en lo que a ruido se refiere.
Cuando el bonaerense y el cordobés se perdonaron la vida, en el Buesa Arena se alcanzaron los 102.3 decibelios. Una marca que no pudo batirse el miércoles en Vistalegre, donde el tope llegó en el segundo cuarto al protestar la afición unos pasos pitados a Bueno (100.7). En Madrid, Scola, Macijauskas e Ivanovic copan las antipatías de la grada. En Vitoria, el diablo es Reyes, a quien cuesta ver con el tridente y el rabo que en su día luciera, por ejemplo, el inolvidable Petrovic. ¿Qué habría sido del sonómetro con él en pista? Habría volado en mil pedazos en cuanto Drazen pisara la cancha del rival. Bendito diablo.



