El equipo garrapata, capítulo II

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Una cosa es ser un equipo garrapata y otra ser un equipo sanguijuela. Este es otro nivel, un grado superior que no sabemos si el Real Madrid alcanzará con el paso del tiempo y las canastas. El equipo garrapata (un elogio, nunca una crítica) se agarra al partido y no se suelta, decíamos ayer, pero no es del todo cierto: en ocasiones se suelta lo justo como para caer del perro y quedarse en mitad del camino. El 1-1 de la eliminatoria es esa mitad del camino. Habrá que ver hacia dónde va el perro y hacia dónde el equipo garrapata. El Real Madrid se soltó ayer del partido al paso por el minuto 14, cuando perdía por 22 puntos (34-12) y sus jugadores se cargaban de personales (Larrañaga hizo cuatro en apenas tres minutos) ante un Tau físico a más no poder. Macijauskas y Hansen eran los reyes y Maljkovic no encontraba antídoto. Ivanovic se permitió incluso el lujo de dar descanso al alero lituano, aunque quizá lo reservó temiendo que el equipo garrapata volviera a picar. Lo hizo.
Se agarró de nuevo al partido al llegarse al descanso, cuando redujo su desventaja hasta los 11 puntos (43-32). Y también cuando, tras superar otra desventaja seria (53-35), un triple de Bullock devolvió los fantasmas al Buesa Arena (71-66) a minuto y medio para el final. Pero ahí se acabaron los picores. El perro se encontraba ya camino de Vistalegre y la serie demostraba que no se puede dar tanta ventaja al rival ni siquiera cuando uno es un equipo garrapata. Pueden rascarse a gusto.



