El espíritu del Celtic

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Recuerdo la final de la UEFA en 2003 entre el Celtic y el Oporto y la envidia sana que me produjo el maravilloso espectáculo que dieron los aficionados escoceses. Vinieron a Sevilla 80.000 a pesar de que sólo había localidades para unos 25.000. Daba igual. Toda la ciudad se hizo un poco hincha del equipo de Glasgow sobre todo por su ejemplar comportamiento. Se divirtieron, se bebieron el Guadalquivir e incluso pararon en plena carretera un camión de Cruzcampo sólo para... hacerle reverencias. Pero demostraron, mientras cantaban el 'you'll never walk alone', compartido con el Liverpool, que se puede ser aficionado sin ser hooligan. Y esa fue la sensación que me transmitieron anteayer las aficiones de Betis y Osasuna. Su comportamiento fue sencillamente maravilloso. Genial.
En los últimos años hemos detectado que los aficionados viajan más con sus equipos que antes. Normal si tenemos en cuenta que viajar a Madrid desde Sevilla es más fácil que hace 28 años. Eso explica que hubiera en la Capital de España 30.000 béticos, muchos de ellos (cerca de 10.000) sin entrada. Pero daba igual. Todos se divirtieron, lloraron y rezaron cuando Pérez Burrull dio el pitido final. La lógica alegría por conseguir algo tan grande como un título, no soslayó el respeto demostrado hacia la afición de Osasuna que con caballerosidad y deportividad admirables aplaudieron el momento en Su Majestad, Don Juan Carlos I daba la Copa a Juan José Cañas. Este fue el espíritu de la Copa, el legado que hace sólo dos años nos dejó el Celtic de Glasgow. ¡Qué grande es la Copa! ¡País!



