Suárez va camino de ser grande
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No seré yo quien vaya a descubrirles la calidad deportiva de Carlos Suárez, una de las joyas de la cantera del Estudiantes para el baloncesto nacional. Sería un ventajista si me limitase a contar su enorme talento, el futuro que se le abre por delante o lo estupendo que puede llegar a ser. Ya lo han dicho tantos que uno más no tiene más mérito que el de ponerse a la cola de quienes le glosan. Lo que quiero destacar fue un detalle que delata por qué él va ser enorne.
Los grandes jugadores cimentan esa grandeza en la facilidad que tienen para hacer felices a sus aficionados. Y Carlos lo hace de manera innata, sin premeditación, sin asesores. Lo hace porque es así. Como el viernes, cuando su Estudiantes perdió con el Real Madrid, La Demencia reclamó a los colegiales que saliesen a la pista a saludar. Y comparecieron todos a recibir los aplausos de la hinchada. Pero Suárez hizo un mutis personal, dejó a sus compañeros en medio de las ovaciones mientras él buscaba lejos, fuera de foco, a un aficionado concreto. Le encontró, y le regaló su camiseta de juego, la primera que ha vestido en una semifinal de ACB. Luego, le abrazó y se fue. Y el chaval, con un claro síndrome de Down, empezó a botar, y se abrazó a su padre, que también botaba porque veía a su hijo feliz. Este detalle en un jugador de 19 años nos dice que sí, que será grande.




