Un golpe demasiado bajo y cruel

Noticias relacionadas
El fútbol es duro. Muy duro. Tanto que la ilusión de una población entera, del sentimiento común de varias generaciones, puede desvanecerse con un simple error. Sería justo decir que Osasuna plantó cara al Betis, que salió a jugar, sin depender de su rival, y que eso siempre es de agradecer. Que quizá mereció ganar. Pero la historia borra estas cosas sin ningún miramiento. Los aficionados rojillos que estuvieron anoche en el Calderón recordarán con orgullo que estuvieron en la final de Madrid. Quién sabe cuándo repetirán otra. Pero siempre saldrá la coletilla del fallo de entendimiento entre Cruchaga y Elía en el primer gol. Y la cabalgada de Dani que decantó la final. Este último hecho se produjo, además, cuando más escuece: a falta de poco más de cinco minutos para que concluyera el partido y con los penaltis en el horizonte. Pero ahí apareció la inexperiencia de Osasuna, que optó por volcarse al ataque en vez de resguardecerse atrás. Cosa que, con un gran resultado, sí que supo hacer el Betis.
En las finales no importa quién esté mejor físicamente o quién es favorito. Se demostró ayer. Porque Osasuna dejó claro que hay carencias que se suplen con otras cosas. Con amor propio, por ejemplo. El mismo que empujó a Osasuna a tratar de tú a tú al Betis, a sentirse superior en muchas ocasiones. Esto le hizo rozar la Copa, porque en la prórroga demostró estar más entero que su rival. Pero el destino le tenía preparado un mal trago. Para la afición rojilla, extraordinaria durante toda la jornada, esta plantilla es virtual campeona. Lo que le hizo sentir ayer su equipo no se vive todos los días. Otra cosa muy distinta son los libros. Y ahí Osasuna aparecerá como subcampeón.



