El primer encierro de Osasuna

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Dicen los mozos de los encierros de sanfermines que el primero que corren no lo olvidan jamás. La noche anterior te aletarga un profundo insomnio, los minutos previos disparan la adrenalina en el cuerpo y el cohete que anuncia la salida de los toros retumba en la cabeza hasta que los bufidos de los mansos se imponen al bullicio general de los corredores. Un mal trago que sirve como iniciación y que sólo se puede mitigar, nunca desaparece del todo. Esta vez es Osasuna el que se tendría que encontrar en esa situación. Oliveira, Joaquín, Assunçao y el resto de morlacos béticos son una ganadería peligrosa y la virginidad de los rojillos en finales como ésta puede suponer un tembleque generalizado.
Pero no es este el caso. Los jugadores, el técnico, el presidente y la entidad, en definitiva, han acogido de muy buen grado esta final ante el Betis y, aparentemente, no están siendo desbordados por los acontecimientos. Un comportamiento de club grande que puede extenderse también al terreno de juego, por qué no. De hecho, muy pocos técnicos de Primera pueden decir que hayan tenido un encuentro cómodo cuando los osasunistas han sido sus rivales. De momento, las fisuras no son visibles y la seguridad rodea a la expedición rojilla. Pero llega la hora de la verdad. La de la noche anterior, la de los minutos previos, la del cohete, la de los bufidos en la espalda. ¿Llegará también la del almuerzo posterior a todo buen encierro?



