Yo digo Iñako Díaz-Guerra

La renacida ilusión está en el aire

Iñako Díaz-Guerra
Actualizado a

Creo firmemente que, salvo los cuatro privilegiados que viven del cuento, los demás vivimos de ilusiones. Siempre detrás de ellas: ese ático tan amplio, ese viaje a África, esa quiniela o que Audrey Hepburn resucite y yo le parezca la reencarnación barriobajera de Cary Grant. Soñar es gratis. Bueno, pues en el fútbol, el poder de la ilusión pasa de ser esencial a ser lo único. Y en el Atlético actual, ya ni les cuento. Tras más de un lustro de depresión, el mundo rojiblanco llevaba tres días de subidón absoluto. El efecto Bianchi ha dotado de vida a una afición rota, que a menudo no encontraba argumentos para defenderse de tanta pulla cruel pero certera. Contratar, al fin, a un entrenador de primera categoría es el comienzo perfecto para volver a creer. Pero al fútbol juegan los futbolistas y, por muy bueno que sea Bianchi, no puede convertir a la orquesta Brillantina en los Rolling Stones. Pero ahí apareció Riquelme. Román quería volver con el Virrey, el club tiraría la casa por la ventana, luego le metió ese golazo a Brasil y la afición rozó el éxtasis. Pero en el Atlético las alegrías duran menos que el balón en pies de Sosa. Si les digo la verdad, al único que creo de todo este enmbrollo es a Riquelme, porque no habló. En cualquier caso, más le vale al Atlético tener razón, porque si no, la ilusión se esfumará y, sin ella, no le queda nada.

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