Menos de dos millones por 25 goles

Menos de dos millones por 25 goles

Murió anoche una Liga clásica, de las que sólo pelean Barcelona y Madrid, algo muy poco habitual en los últimos tiempos. "También pasamos malos momentos: un año acabamos segundos", dijo una vez con aire fanfarrón Bill Shankly, técnico icono del Liverpool, sin pensar que algún día podría servirle de consuelo muy menor al equipo de Luxemburgo. Pero la última jornada dejó estupendas imágenes en Villarreal, en Mallorca, en Montjuic y en la mitad de Sevilla y confirmó los peores augurios para Levante, y Atlético. En el Manzanares, sólo 14.000 decidieron acudir a ver el final de esta nueva película de terror.

Merece el Villarreal el premio mayor de la Champions de arriba a abajo, del despacho al césped, de Roig y Llaneza a Riquelme y Forlán. Fue un equipo hecho con más ingenio que dinero, con una apuesta de alto riesgo por un técnico, Pellegrini, de buena reputación en América pero nula experiencia en las grandes ligas europeas. En diez meses hizo del Villarreal un equipo alegre, ofensivo y eficaz y supo disimular el hándicap de una plantilla corta y saturada de partidos. Una población de 40.000 habitantes tendrá su Bota de Oro, Forlán: 25 goles que costaron menos de dos millones de euros. Una prueba de agudeza visual.

Este fabuloso equipo-milagro mandó a Segunda a un Levante inexplicable, que llegó a estar en puestos de Champions y sufrió uno de los mayores apagones que se conocen en Primera: tres puntos sobre treinta posibles en las diez últimas jornadas. Para el debate queda si echaron a Schuster demasiado pronto o demasiado tarde. A tiempo sí llegó Cúper, que también tuvo su crisis de fe. Y como en Sevilla se había puesto casi imposible la felicidad completa, sólo hubo fiesta en la mitad verdiblanca de la ciudad, que ha tenido al asistente de la Liga, Joaquín; al tercer goleador, Oliveira, y al mejor lanzador a balón parado, Assunçao.