Caminos carreteros en el Giro
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El Giro ascendió ayer el Colle delle Finestre por su cara más dura, la norte. La cima estaba situada a 2.178 metros, el punto más alto de la etapa, por encima incluso de la meta de Sestriere. Los 14 kilómetros de ascensión atravesaban aún colosales neveros, algo muy común en el corazón de los Alpes. Las montañas donde se han hecho estaciones de esquí, Sestriere por ejemplo, están surcadas por estupendas carreteras para facilitar el acceso de miles de vehículos. Las que no tienen estaciones de esquí tienen modestísimas carreteras o, al menos, caminos carreteros, transformados ahora en pistas, para la explotación ganadera. Pues la victoria en el Giro se jugó precisamente ahí. De vergüenza.
Ver a los ciclistas subir un puerto de categoría especial por un camino de piedras y tierra, es un sin sentido. Después se quejan de la dureza del Angliru, se quejan de que los controles antidoping ofenden su dignidad, se quejan de que estar localizados en los próximos tres meses va contra su intimidad, pero ¿y subir un puerto en condiciones tercermundistas? ¿Eso no atenta a la dignidad de unos profesionales que si se ganan la vida en el ciclismo no es subiendo precisamente por caminos de cabras? En el Tour les meten por donde no caben para diezmarles en la primera semana; en el Giro ya hemos visto. Y nosotros, aquí cortando el tráfico para que circulen por autopistas. Pues ni una cosa ni otra.




