Diego, de tal palo tal astilla
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Su padre Pablo fue un sobrio defensor que jugó con Uruguay el Mundial de 1974 y sobre todo brilló en el Sao Paulo. Y pasará a la historia por dos cosas. Una, aquella famosa frase suya de "los primeros cinco minutos del partidos son perfectos para intimidar al rival porque el árbitro nunca saca tarjeta". Luego su compatriota Batista descubrió lo falso de la frase en México 86, por cierto. Y la otra es su hijo, claro. Diego Forlán no es central sino delantero, pelea por el pichichi en España y de paso por la Bota de Oro europea. La garra y fuerza la heredó del padre. Y también su etiqueta de triunfador en el exterior, porque Diego destacó en Independiente para después emigrar nada menos que al Manchester United.
No muchos confiaban en él cuando llegó a Manchester, a un equipo de la máxima exigencia. Había marcado 30 goles en dos temporadas en Independiente, se frustró su traspaso al Betis y tenía por delante una aventura muy difícil. Ferguson le protegió porque sabía de su potencial. Lo hizo contra gran parte de la hinchada, porque se le negaba el gol un partido tras otro. Así hasta 35 sin marcar, hasta que llegó aquel tanto ante el Aston Villa. Luego ya no le frenaron. Dos al Liverpool en uno de los partidos de su vida (el otro fue ante Vélez con Independiente), uno al Chelsea en Copa de la Liga y varios más. Cuentan que el hijo del técnico Martin Ferguson fue a Argentina en busca de D'Alessandro pero se fijó en él, y el Manchester se lo arrebató al Middlesbrough en el último instante. Goleador de gran zurda y velocidad en los últimos metros, el Villarreal compró una joya. De momento ha marcado más goles que Ronaldo.




